Nada de promesas, contigo no, somos un caso imposible que por probabilidad hemos sufrido para confirmar la regla.
Los personajes los creamos nosotros mientras los coches van deslumbrando nuestras ideas, el argumento lo inventamos a cada segundo, con el ritmo marcado por el reloj de la puerta del Sol.
En la despedida no se mira atrás.
Se cierra el telón.

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