Juguemos al escondite, a las mentiras, al aquí te pillo aquí te enamoro, a correr bajo la lluvia, a escondernos en portales ajenos llenos de deseo, a crear historias alternativas durante las sesiones de banco en tardes de verano y en tardes de piscina y en tardes de bucle, a saltar vallas de parques cerrados a las tantas de la madrugada, a recorrernos nuestro Madrid de cristal mientras las agujas de Sol van marcando el tic tac de nuestra relación, a quitarnos la ropa en tiempos marcados como imposibles; juguemos a hacernos daño, a querernos y a odiarnos simultáneamente en una balanza que cae por su peso. Juguemos.
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